Los profesores tenemos una especial habilidad para criticar a nuestros alumnos.  La mayoría de las veces sin razón.  Nos cuesta comprender que todo en esta vida se puede aprender, y que la gente joven viene a la Universidad precisamente a eso.  En esta ocasión, quiero contar una experiencia no muy positiva y una extraordinaria.

La semana pasada, algunos profesores del Grado en el que trabajo, decidimos suspender las clases para que los alumnos participaran en un Symposium profesional.  La actitud fue simplemente correcta.  Y claro, pues yo me quejo.  Me gusta presumir de alumnos y que estos sean excelentes.  El segundo día de esta reunión profesional, además de darles un toque de atención, mantuvimos la actividad pero con carácter voluntario.  Mucho mejor.  Asistencia muy parecida, mejor nivel de atención y una imagen de los alumnos mucho más profesional.

Pero hoy, esos mismos alumnos, han sido la cara de la moneda.  Impartiendo una clase de Deportes Colectivos (baloncesto en mi caso), han tenido una actitud extraordinaria.  Se ayudan en clase para favorecer el aprendizaje, escuchan de forma activa y se comunican entre ellos para corregir fundamentos tecnico-tácticos, se esfuerzan… Quizás por estas cosas sigo queriendo formar parte de la Universidad.  Chicos y chicas, enhorabuena.

No planteemos problemas sin solución.  Si la gente joven tiene sus imperfecciones, mirémonos a nosotros mismos, y trabajemos para ayudarles.